jueves, 24 de febrero de 2011

In Memoriam

Hoy no puedo evitar echar la vista atrás y acordarme de ti.

Ya ha pasado un año desde ese día en el que me llamó tu mujer y me pidió que avisara al resto de amigos. Lo recuerdo como si fuera ayer.

Te hemos echado de menos.

Cuando tomábamos unas cañas en el parque siempre solías pasar atareado con algún invento sorprendente. No era difícil convencerte para que te quedaras y nos acompañaras a una. O a dos.

¿Cómo se llamaba aquel hongo que nos hicisteis probar una noche?. Yo me quería escaquear pero C. vino a buscarme y me tocó bebérmelo. Recuerdo que, tal y como nos contasteis, tenía muchas propiedades terapéuticas. Al llegar a casa enseguida lo busqué por la web y me sorprendió bastante, pero lo tengo que confesar... ¡no me gustó nada!.

¿Y cuando te apuntaste al tratamiento de picaduras de abeja?. ¡Qué valor!. De verdad, aun hoy sigo admirando la fuerza con la que luchaste hasta el final.

El mar. Cómo te gustaba el mar.

Recuerdo la vez que tu mujer y tu nos llevasteis a una playa idílica y tranquila que habíais encontrado en Benicasim y resultó ser una de las playas del FIB, en pleno FIB. Nos lo pasamos muy bien. Todo lleno de ingleses con litronas de cerveza dentro del agua. Las alcohólicas del día fuimos tu mujer y yo, enseguida nos apuntamos a la cervecita fresquita a orillas del mar. Hasta el recodo más pequeño de arena estaba repleto de guiris, tu y yo podríamos haber pasado por uno de ellos perfectamente ¿a que sí?.

Me he acordado también de la petanca. ¡¡Jugábamos a la petanca!!. Con tus padres, con amigos, daba igual, la cuestión era pasar un buen rato. ¿Otra confesión? todavía no entiendo cómo se jugaba. Yo tiraba las bolas donde me decíais y punto. ¿Para qué utilizabais el metro?. Nunca he sido muy competitiva en los juegos, se nota ¿verdad?.

¿Y el póquer? jajajajaja. Antes de que se pusiera tan de moda, nosotros ya organizábamos timbas en vuestra casa. También se me daba fatal. Perdía los cinco euros de la partida enseguida. No sé mentir ni pillar las mentiras a los demás.

No he vuelto a jugar ni a la petanca ni al póquer.

En fin, son tantos los recuerdos que me vienen a la cabeza, como los dos viajes a Beas de Segura, aquélla excursión a Albarracín, el restaurante brasileño, la playa, las paellas en mi casa, las cenas japonesas en casa de P. y V., los debates sobre cualquier tema, y tantas, tantas cosas.

Siempre que miro hacia el faro de la Escollera de Levante me acuerdo de ti.

¡Hasta siempre!.

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martes, 22 de febrero de 2011

Senderismo y otras reflexiones

¡¡Lo siento!!. ¡¡No tengo tiempo para actualizar el blog!!.

Lo que peor me sabe es sacrificar la lectura. Acabo el día tan cansada que cuando ya llevo cuatro o cinco páginas leídas se me cierran los ojos, es puramente gravitatorio. Y me fastidia, porque el libro que estoy leyendo ahora, “Heredero de la Alquimia”, me está gustando mucho, lo ha escrito un amigo de mi hermano mayor.

He aquí algunos de los motivos de mi agotamiento.

Senderismo por Lucena del Cid.

Mi amigo Crow nos preparó una ruta de senderismo por Lucena (un pueblo de la provincia de Castellón). Yo estuve mareando la perdiz toda la semana: “iré sólo a andar”, “no, iré sólo a comer”, “me llevaré a Dama”, “ya no me llevo a Dama”, “no sé si iré a comer y tampoco me apetece andar”. De modo que fui con mi coche. Gran estupidez, porque al final me quedé a andar y a comer y al precio que está ahora la gasolina fue todo un despilfarro ir sola en un coche.

Pero me lo pasé genial. Últimamente tenía la sensación de socializar más con perros que con personas. Amigos míos, ¿a que vosotros también lo habíais pensado?.

El caso es que cuando conduzco más de veinte minutos seguidos me entran ganas de hacer pis. Y si estoy con la regla también. Ese día tenía la regla y había conducido, así que nada más llegar al pueblo tuve la primera urgencia. Estuve dando por saco a los demás todo el trayecto.

Consejos.

Infórmate bien de la flora local:

Hay que saber distinguir el romero de las aliagas, de lo contrario parecerá que te hayan hecho la prueba del azúcar en todos los dedos de la mano, tal y como me pasó a mi. La culpa fue de mi amiga C., que hace años me dijo este refrán: “quien pasa por el romero y no coge de él, ni ha tenido amores ni los quiere tener”.

No des conversación a extraños, ni siquiera los buenos días:

Llegados a este punto, lugar en el que pensábamos almorzar, nos encontramos a un pintor bohemio que nos estuvo dando la charla. De modo que tuvimos que avanzar un poco más y escoger otro sitio.

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Wc’s campestres:

Si necesitas algo de intimidad a la hora de hacer pis, nunca vayas a sitios con zarzas. Tenía que elegir entre cruzar el río por las piedras o meterme en el zarzal. No sé por qué escogí el zarzal. No hace falta que explique cómo terminó la cosa. Se me enganchó todo el cuerpo por las zarzas. Intentando salir de ese infierno, tropecé y me caí. Pensaba que no me había visto nadie pero me equivocaba, como siempre, C. tiene un ojo clínico para saber cuándo voy a rodar por el suelo. Resultado: rodillas peladas y todo el cuerpo lleno de granitos por culpa de las zarzas.

Una vez recuperada la compostura, como seguía con ganas de hacer pis, me tocó cruzar el río de piedra en piedra. Y pasó algo curioso. Eligiese el matorral que eligiese, siempre tenía de frente al pintor bohemio. ¡¡qué sitio más estratégico tenía pillado!!. Tuve que ir detrás de un “maset” (casa en mitad del campo), que resultó ser parte de la senda que recorrimos después, menos mal que soy una chica aseada y no dejé ningún residuo radioactivo.

Y como todo lo que sube, baja y viceversa, todo el trecho que bajamos tuvimos que subirlo.

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Rematamos la faena con una comida estupenda en un restaurante del pueblo. Ya se está cuajando la siguiente visita.

Dama.

Dama es en gran medida la culpable de mi agotamiento diario. Le dedico prácticamente la totalidad de mi tiempo libre. Pero es necesario, quiero adiestrarla bien.

En el club de socialización del sábado hubo una de cal y otra de arena.

Tenía que hacer una demostración de mis progresos con la orden “ven”. Delante de todos y ella sola lo hizo estupendamente. El problema vino cuando hicimos el intercambio de perros. Volvió a pasar de mí olímpicamente. No me hizo ni caso. Lo repetimos tres veces, la última sólo por ella, por intentar hacer que acudiera a mí de alguna manera. Pero no, o se iba detrás de todos los perros o se quedaba con la persona que le había tocado. ¡Qué mal!. Es la única que no vuelve con su dueño.

Otra de las actividades consistía en traer algún juguete y jugar con los perros. Yo no pude llevar ninguno. Dama se cargó el día antes el único puramente canino que tenía. Los que más le gustan no me caben en el bolso.

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